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De catalanes, vascos y "castellanos recios"...
o de como querer ofender y no saber.

tres minutos
Tres minutos. tres ... pero que intensos !!!. Su mano no permanecia quieta, parecia tener vida propia y no respondia a las ordenes de su amo, iba de oreja a nariz, de nariz a oreja... y vuelta a empezar. Tal era la saña con que la mano hurgaba que llegue a temer por una perforacion de timpano o una fractura de tabique nasal.
El tren no llegaba a la estacion, y la mano continuaba su constante viaje de ida y vuelta. Por fin llegamos, consegui bajar al anden antes de que se produjeran las temidas lesiones y con la sensacion de haber presenciado un espectaculo rara vez, gracias a dios, repetible.
El tren siguio su camino y por rabillo del ojo, vi que la mano seguia tambien su viaje, de nariz a oreja y viceversa.
[elnegrozumbon] [16/7/02 13:49]
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